caminaba Zuaneco Zi por la playa cuando se encontró con un pescador: el hombre estaba parado frente al mar, sosteniendo una larga caña -¿buen pique?, preguntó Zuaneco, y el tipo lo miró con un ojo y después con el otro, y después contestó: será la luna, dijo -Zuaneco se acarició la barba y volvió a preguntar: ¿pero salen o no salen?, y el hombre meditó un momento hasta que dijo: salen, entran, quién sabe -en ese instante justo la tanza se movió y el pescador se concentró en su caña: Zuaneco lo vio tironear, forcejear, resoplar, vio como las gotas de sudor se condensaban en su frente para después caer, lo vio apretar los puños y aferrarse a la caña con todas sus fuerzas, y después vio como el hombre se perdía en el mar, arrastrado o atraído por la fuerza del Monstruo -caía la tarde, y Zuaneco Zi levantó la vista al cielo: estaba celeste, pero ya podía verse, aunque todavía pálida, a la luna, alzándose redonda como un ojo solo.
lunes 1 de febrero de 2010
último momento: cumbia de Augusto Monterroso
cuando despertó, él era el dinosaurio.
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psuplemento psicodélico
domingo 3 de enero de 2010
brevísima relación de un viaje al Perú
la plaza de Cusco brilla, iluminada
para las fiestas -cierro los ojos y
me pregunto: ¿por qué estoy
acá? -después tomo un trago de
cerveza y dejo vagar la vista por
entre los cerros -porque en algún
lado hay que estar, me respondo (no
se distingue, en la noche oscura,
dónde terminan las montañas
y dónde comienza el cielo: en las
laderas titilan miles de luces, como
estrellas caídas de repente).
para las fiestas -cierro los ojos y
me pregunto: ¿por qué estoy
acá? -después tomo un trago de
cerveza y dejo vagar la vista por
entre los cerros -porque en algún
lado hay que estar, me respondo (no
se distingue, en la noche oscura,
dónde terminan las montañas
y dónde comienza el cielo: en las
laderas titilan miles de luces, como
estrellas caídas de repente).
Cusco, 30 de diciembre de 2009
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cumbias on the road
domingo 25 de octubre de 2009
domingo 11 de octubre de 2009
último momento: cumbia N°22 (haiku)
¿quién escribe
tu argumento,
Martín Palermo?
(de Historia de la Selección en los Mundiales, esperemos, por Luna)
tu argumento,
Martín Palermo?
(de Historia de la Selección en los Mundiales, esperemos, por Luna)
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cumbias portátiles,
psuplemento psicodélico
sábado 10 de octubre de 2009
pequeño romance de la luna y el tambor (haiku)
noche de luna
-los músicos martillan
los instrumentos
-los músicos martillan
los instrumentos
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cumbias portátiles
transpirar la camiseta (cumbia del desierto)
01/
después de caminar años y años atravesando el desierto, bajo un sol abrasador y sin poder siquiera cambiarse la ropa, Zuaneco llegó por fin a un bar: estaba vacío –Zuaneco se acomodó en una mesa junto a la ventana y, cuando se le acercó el mozo (un viejo triste), le pidió una ginebra –el mozo lo miró fijo y frunció la nariz, como sin comprender –Zuaneco repitió: una ginebra, hielo –el viejo lo miró una vez más y, sin decir nada, se sentó en otra mesa y se puso a mirar por la ventana
02/
Zuaneco se paró, fue junto al mozo y miró por la ventana: el sol tremendo, el desierto, una nube, y a lo lejos más desierto, más nada –después fue hasta la barra y buscó una botella de ginebra, pero los estantes estaban vacíos: no había allí nada para beber –Zuaneco se sentó enfrente del viejo (que continuaba mirando por la ventana) y le habló: ¿no hay nada aquí? ¿nada de nada? –el viejo no respondió: la nube se había vuelto negra y las gotas de lluvia empezaban a golpear el suelo –instantes después, todo era agua
03/
la tormenta duró dos días enteros con sus noches: al tercer día, escampó –Zuaneco se acercó al viejo (que durante todo el tiempo no había hecho más que estarse mudo mirando por la ventana las evoluciones de la lluvia, y que sólo se había levantado de su puesto en dos o tres ocasiones, en las que se perdió en un oscuro pasillo que llevaba al baño y hacia una pequeña habitación con un colchón en el suelo), lo saludó sin esperar respuesta, y salió: el sol parecía estallar en el cielo enorme
04/
a la vuelta de bar, se encontró con H: le hizo un gesto con la mano pero H no le respondió –después H caminó hasta el bar, y entró: Zuaneco lo siguió –H saludó al mozo y le pidió una ginebra: el viejo se perdió en el pasillo y volvió con una botella y dos vasos –después se sentó con H y le contó, mientras bebían, que había pasado los dos días anteriores encerrado por la tormenta, pero que, a pesar de eso, se había sentido profundamente acompañado, como si un espíritu hubiese estado junto a él: H pareció no comprender y le preguntó qué tipo de visitante era el que había tenido los últimos días –el viejo lo miró fijo y respondió: un muerto tranquilo, cansado, con un profundo olor a transpiración –Zuaneco se olió la remera: el viejo no se equivocaba
después de caminar años y años atravesando el desierto, bajo un sol abrasador y sin poder siquiera cambiarse la ropa, Zuaneco llegó por fin a un bar: estaba vacío –Zuaneco se acomodó en una mesa junto a la ventana y, cuando se le acercó el mozo (un viejo triste), le pidió una ginebra –el mozo lo miró fijo y frunció la nariz, como sin comprender –Zuaneco repitió: una ginebra, hielo –el viejo lo miró una vez más y, sin decir nada, se sentó en otra mesa y se puso a mirar por la ventana
02/
Zuaneco se paró, fue junto al mozo y miró por la ventana: el sol tremendo, el desierto, una nube, y a lo lejos más desierto, más nada –después fue hasta la barra y buscó una botella de ginebra, pero los estantes estaban vacíos: no había allí nada para beber –Zuaneco se sentó enfrente del viejo (que continuaba mirando por la ventana) y le habló: ¿no hay nada aquí? ¿nada de nada? –el viejo no respondió: la nube se había vuelto negra y las gotas de lluvia empezaban a golpear el suelo –instantes después, todo era agua
03/
la tormenta duró dos días enteros con sus noches: al tercer día, escampó –Zuaneco se acercó al viejo (que durante todo el tiempo no había hecho más que estarse mudo mirando por la ventana las evoluciones de la lluvia, y que sólo se había levantado de su puesto en dos o tres ocasiones, en las que se perdió en un oscuro pasillo que llevaba al baño y hacia una pequeña habitación con un colchón en el suelo), lo saludó sin esperar respuesta, y salió: el sol parecía estallar en el cielo enorme
04/
a la vuelta de bar, se encontró con H: le hizo un gesto con la mano pero H no le respondió –después H caminó hasta el bar, y entró: Zuaneco lo siguió –H saludó al mozo y le pidió una ginebra: el viejo se perdió en el pasillo y volvió con una botella y dos vasos –después se sentó con H y le contó, mientras bebían, que había pasado los dos días anteriores encerrado por la tormenta, pero que, a pesar de eso, se había sentido profundamente acompañado, como si un espíritu hubiese estado junto a él: H pareció no comprender y le preguntó qué tipo de visitante era el que había tenido los últimos días –el viejo lo miró fijo y respondió: un muerto tranquilo, cansado, con un profundo olor a transpiración –Zuaneco se olió la remera: el viejo no se equivocaba
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diario de la guerra de la cumbia
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